La guerra en Irán consolida el poder de los Guardianes de la Revolución
La guerra desatada por Israel y Estados Unidos contra Irán ha desestabilizado la cúpula del poder, reforzando aún más la influencia de la Guardia Revolucionaria, el ejército ideológico de la república islámica, según los analistas.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) fue creado por orden del ayatolá Jomeini, poco después de la caída del entonces sah, en 1979, con un mandato, diferente al del ejército regular, de proteger la revolución de las amenazas internas y externas.
Desde entonces se ha convertido en una estructura con influencia militar y poder económico cuyos tentáculos alcanzan todos los aspectos de la vida en Irán.
Según los observadores, su influencia creció bajo el mando del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, muerto en un bombardeo israelí al inicio de la guerra, y seguirá fortaleciéndose si su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei, se mantiene en el poder.
"Su fuerza ha crecido durante décadas y se ha convertido en un actor clave en varios dominios, sobre todo en la seguridad y, en menor medida, en la economía", comenta Farzan Sabet, investigador del Geneva Graduate Institute.
"En el Irán de la era pos Alí Jameneí, es probable que ahora sea también, y de forma más manifiesta, el actor político clave. La rápida promoción de Mojtaba Jamenei como nuevo líder, de quien se dice que está estrechamente alineado con las visiones e intereses de la Guardia Revolucionaria, podría ser una ilustración de esto", apunta.
A pesar de los tumultuosos cambios en la cúpula de Irán en las últimas semanas, la Guardia sigue publicando comunicados en los que presume de atacar a Israel e imponer el bloqueo del estrecho de Ormuz, al tiempo que advierte a los iraníes de que no colaboren con potencias extranjeras.
Además de su propia organización de inteligencia interna, las Guardia incluye una fuerza paramilitar de voluntarios (Basij) y la Fuerza Al Quds, encargada de las operaciones en el extranjero.
- Un imperio de intereses económicos -
Conocido en Irán como "Sepah" ("El Cuerpo") o "Pasdaran" ("Los Guardianes"), el CGRI ha construido en los últimos años su propio imperio de intereses económicos, en particular en el sector energético, mientras busca subvertir las sanciones internacionales.
Sus operaciones continúan, a pesar de las muertes sucesivas de sus comandantes en jefe Hosein Salami (en junio pasado en la guerra de Irán con Israel), y de Mohammad Pakpur, en los recientes ataques de Estados Unidos e Israel.
El comandante adjunto y exministro del Interior, Ahmad Vahidi, podría ser el próximo jefe de la Guardia, aunque su nombramiento parece no haber sido formalizado, posiblemente como medida de seguridad.
"El CGRI no es un organismo centralizado, por lo que no se puede hablar realmente de que controlen el país como una organización unificada", señala Arash Azizi, profesor e investigador posdoctoral en la Universidad de Yale.
"Pero, efectivamente, las redes y círculos de la Guardia se han afianzado y ahora controlan gran parte del poder económico y militar en Irán. Cualquier intento de arrebatarles el poder probablemente requeriría la cooptación de al menos algunos de ellos", explica a AFP.
Otra figura clave en la estructura parece ser el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, antiguo comandante de la Guardia que, por ahora, ha sobrevivido a los ataques.
Los analistas consideran que desempeña un papel fundamental en el esfuerzo bélico.
"Nominalmente, es solo el presidente del Parlamento. Pero cuenta con un amplio apoyo en las filas del CGRI; es una figura poco común cuya cartera abarca las funciones militares, de seguridad y políticas del régimen", afirma Azizi.
Sin embargo, la propia relevancia de la Guardia Revolucionaria ha convertido su infraestructura y a sus comandantes en objetivos principales en la guerra.
"Los ataques israelíes y estadounidenses han dañado instalaciones de misiles, infraestructuras militares y activos vinculados a la Guardia Revolucionaria", señala Sanam Vakil, directora del Programa para Oriente Medio y el Norte de África en el centro de reflexión británico Chatham House.
L.Bernasconi--GdR